La Losilla y San Adrián

 

 

 

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San Adrián y Santa Natalia

La Losilla y San Adrián, 4 de marzo de 2011:

Desde hace unos pocos años, llegada esta fecha, los vecinos de La Losilla y San Adrián nos reunimos para celebrar la “Fiesta de los Patronos”, a saber San Adrián y Santa Natalia. Después de la Santa Misa se realiza una comida de hermanamiento en la que se hace patente que somos más de los que habitualmente estamos y que tampoco estamos todos los que somos. Pero dejando aparte este acto social y necesario, vamos a tratar de desvelar de donde parte esta tradición, es decir, quiénes eran San Adrián y Santa Natalia y cómo fue introducida esta devoción en nuestra tierra.

Fiesta de los patronos de 2011

A modo de resumen, se puede decir que San Adrián o Adriano fue martirizado en Nicomedia por el emperador romano Maximiano, de quien era ministro y militar, pese a su juventud de 28 años. Al ver en repetidas ocasiones la entereza de los mártires cristianos, proclamó su conversión al cristianismo y ante tal tesitura el emperador mandó cortarle los pies y las manos. Enterada su esposa Natalia, que también era cristiana en oculto, le animó en su martirio y tras recoger una de las manos cortadas a su marido, huyó en una embarcación. Dios inspiró a Natalia a que se fuera a Constantinopla donde llevó la reliquia que después se trasladaría a Roma. Como era rica y hermosa quiso el emperador casarla con un tribuno a lo que ella se negó. La casa en que vivió y murió en la capital de Bizancio se convirtió en monasterio...

Pues bien, la devoción a San Adriano y Santa Natalia fue introducida en España por las reliquias que trajo de Roma "el conde y señor de las montañas de Boñar, Guisvado Braóliz", quien en tiempos de Alfonso III el Magno fue enviado a la capital italiana en concepto de embajador al servicio del Papa Juan VIII o quizás como militar activo, defendiendo al solio papal del peligroso Islam. Sea como fuere, el Pontífice decidió obsequiarle con las preciadas reliquias como muestra de agradecimiento a Don Alfonso.

A su regreso, al presentarse ante el monarca con los restos de los santos, éste se queda parte de los mismos, construyendo para depositarlos una Iglesia en Asturias, en el valle denominado Tuñón. La otra parte se la cede el rey al conde, como recompensa por los servicios prestados. Corría el año 891 de nuestra era.

De esta forma, el mencionado caballero y su esposa Leuvina, entusiasmados por tan preciada remuneración, decidieron llevarse las reliquias a las montañas de Boñar y edificar allí una iglesia para depositarlas que se ubicaría en lo que actualmente es La Losilla. Y es que, llegados a este punto, se debe hacer una aclaración importante. La denominación primigenia del pueblo es la de San Adriano, que abarcaba lo que actualmente es La Losilla y el pequeño grupo de casas que se alzó también en la Edad Media al lado del Balneario. Por tanto, dicha designación debe su origen al nombre de la basílica y del Monasterio que posteriormente se levantaría, dedicado también a este Santo Mártir. En consecuencia, el apelativo de La Losilla es de época más reciente y el barrio del Balneario, o lo que es lo mismo el actual San Adrián, se denominó también barrio de "El Salvador", bajo cuya advocación hubo allí erigido un cenobio de mujeres.

Así las cosas, el 12 de octubre de 920 los obispos Cixila, Frunimio y Fortis consagran el templo, haciendo luego entrega del recinto sagrado a una comunidad de monjes de la Orden del Patriarca de Nursia allí existente.

La base arqueológica sobre la que descansa la fundación de dicha basílica, la encontramos en el contenido de una lápida que en otro tiempo estuvo en el hastial del templo a la parte del poniente. Un trozo de esta lápida se guardaba hasta hace muy pocos años en la casa parroquial de La Losilla. Rezaba la inscripción:

Lápida fundacional

Lápida fundacional

que traducido al castellano, es como sigue:

Esta aula de Cristo dedicada bajo el nombre o advocación de los Santos Adriano y Natalia, construyó el siervo de Dios Gisvado con su cónyuge Leuvina, corriendo la era nongentésima quincuagésima octava. Séate acepto, oh Señor, el ofrecimiento purísimo de tus siervos ya que ellos lo prepararon para Ti con gozosa devoción en honor de tus Mártires. Sean acogidas por Ti, oh Dios piadoso, las oraciones de los miserables. Todo el que entra aquí triste reo, salga luego muy alegre mediante su oración. Fue consagrado este templo por los obispos Cixilano, Frunimio y Fortis, el día doce de octubre de la Era novecientos cincuenta y ocho (año 920).

Poco tiempo después, en el año 924 el rey D. Fruela concede al Abad Atanarico y sus monjes este mismo lugar para edificar Monasterio bajo la advocación de los Santos Patronos Adriano y Natalia.

Pero la labor de Guisvado y su esposa no finaliza aquí. Así, en los años siguientes realizan substanciales donaciones al monasterio, costean la ampliación de las dependencias y finalmente hacen que, en el año 929, el rey Alfonso IV con sus magnates, obispos, abades y honestísimos laicos, celebren allí concilio y confirmen su piadosa institución con los bienes territoriales que le adjudicaban (en este caso el vocablo concilio no alude a una reunión eclesiástica sino más bien al carácter ceremonioso, solemne y festivo del mismo).

La siguiente información que tenemos acerca del Monasterio de San Adrián, se refiere a la donación que doña Urraca, hija de Fernando I, hizo del mismo al Monasterio de Eslonza en el año 1099.

Con respecto a las reliquias de San Adrián y Santa Natalia, se debe señalar que estas se pasaron en el año 1268 de la Iglesia de San Adriano, situada como se ha dicho en La Losilla, para la de San Salvador. Este traslado se hizo porque según el cronista Sandoval, los restos estaban debajo del altar en un arca de piedra y como el arroyo de agua pasaba muy cerca se dañaban con la humedad. En definitiva, como no estaban en la parroquia con la decencia que se merecían se resolvió, por orden del Abad de Eslonza D. Pedro Martínez, sacarlas de allí y llevarlas a la Iglesia de San Salvador.

Posteriormente y ya en el año 1601, dichas reliquias fueron trasladadas al Monasterio de Eslonza por mandato del Abad Fr. Plácido Antolínez, hasta que finalmente en 1878, tras la ruina de este último Monasterio, fueron a parar a la Iglesia de religiosas benedictinas de Santa María de Carbajal en León, donde permanecen en la actualidad.

Reliquias en la urna de plata en el monasterio de las Carbajalas

En el pueblo solamente nos queda una pequeña urna, situada debajo de los lienzos que presiden el retablo (explicado más adelante), que alberga una muestra consistente en dos huesos, uno de cada santo.

Reliquias en La Losilla

Conviene aclarar también, aunque resulte evidente, que los primitivos templos ya no existen. Las actuales Iglesias de San Adrián y La Losilla son de época muy posterior y han sido erigidas empleando en ellas bastantes materiales procedentes de las anteriores.

Tampoco queda nada ya del Monasterio de San Adrián, salvo algunas piedras colocadas en varias fachadas del pueblo y las denominaciones toponímicas como el convento, las monjas, tras la fragua, el molino, el huerto del cura o la vega del Abad, que nos dan una idea de donde pudo estar ubicado y de la actividad en torno a él desarrollada.

Instituto de Arte de Chicago, 4 de septiembre de 2009:

En aquel instante, un escalofrío recorrió su cuerpo. No podía creer lo que estaba viendo. Que un nativo de La Losilla se encontrase, por los avatares del destino,  al otro lado del charco era algo factible al fin y al cabo. Pero toparse en su visita a la ciudad de los rascacielos con algo cuyo lugar de origen fuese el mismo que el suyo se antojaba algo quimérico. En su adolescencia recordaba haber escuchado a sus mayores que, en las inmediaciones de su casa, había existido un monasterio depositario durante siglos de las reliquias de San Adrián y Santa Natalia. Lo que había leído al respecto en varios libros y en algún que otro artículo de prensa corroboraban aquella historia.  Y ahora se hallaba allí, en el  Instituto de Arte de Chicago frente a un relicario cuya nota explicativa rezaba lo siguiente: Spain, León, Monastery of Saint Adrian de Boñar. Sencillamente sorprendente…

Nuestro protagonista es Luis Miguel Castañón, quién afortunadamente retrató con su cámara digital aquel momento.

Relicario en el Instituto de Arte de Chicago

Traducción de la leyenda explicativa:

"Este relicario celebra el martirio de San Adrián. Llamativamente trabajado en plata repujada la historia se representa sobre la urna comenzando y finalizando con los dos lados pequeños del panel. Por una parte, Adrián audazmente, proclamó su conversión al cristianismo ante el imperio oficial romano, un hecho penado con la muerte en los principios de la cuarta centuria. Por otra parte, Natalia, la esposa de Adrián, salvaguardó sus fuertes manos escapando en una embarcación. Los dos lados largos de la urna exponen el desmembramiento y consiguiente muerte de Adrián y sus compañeros con todo detalle. San Adrián sirvió como patrono para varios monasterios de la España medieval, incluido San Adrián de Boñar, cuyas reliquias de San Adrián y Santa Natalia fueron dadas por el Conde Gisvado a su llegada de un viaje a Roma en 920 y que también se benefició del patrocinio de la familia Real Leonesa entre las centurias 11 y 12. Estos hechos sugieren que este monasterio podría haber sido el lugar de origen de este extraordinario relicario"

Podemos entrar en la página web del Instituto de Arte de Chicago y mirar la ficha del relicario en el siguiente enlace: Reliquary Casket of Saints Adrian and Natalia

El retablo de San Adrián y Santa Natalia

Cuando en el año 1782 fue construida la actual "Iglesia de San Adrián y Santa Natalia" de La Losilla, el retablo fue trasladado a ella desde el antiguo y ahora desaparecido templo (nótese que también presentaba la misma advocación). Este hecho se rastrea en los archivos parroquiales, dado que en los mismos se especifica que "el coste total de la obra fue de 8.307 reales", que la realizó "el Maestro de obras Joachin (Joaquín) de Villa Alonso, vecino de la Villa de Sahagún", que "para pagar las obras de dicha Iglesia se vendieron 4 vacas de Nuestra Señora y 12 de San Roque, por lo que se recibieron 5.273 reales entre vacas y divisiones" y que "el coste de desarmar y armar de nuevo el retablo fue de 51 reales".

Retablo

Una vez ubicado, se debe destacar que se trata de una obra de estilo barroco, posiblemente de finales del siglo XVII, época en la que casi con toda seguridad sustituyó a otras imágenes que debían existir en la iglesia primitiva del santo militar.

La función principal del retablo es la de enmarcar dos grandes lienzos con la efigie de los santos titulares, San Adriano vestido de soldado y Santa Natalia con atuendos ricos y con tres manos, una sin duda la de su esposo que recoge con devoción y piedad, estrechándola contra el pecho (esta iconografía es de gran interés por la rara representación de las tres manos).

Lienzo

En cuanto a la decoración fundamental en la mazonería se consigue mediante el uso clasicista de los elementos arquitectónicos. Así, las basas de las columnas, de orden dórico (helicoidales en la parte inferior y estriadas en la superior), apoyan sobre unos pedestales laterales, con decoración de marmoteado, que rodean un banco de piedra, de factura moderna. Sobre este unos restos de otro retablo, dorado de formas barrocas y que cubre prácticamente toda la decoración inferior. En lo alto vemos una serie de remates a base de un frontón triangular y dos grandes bolas sobre la vertical de las columnas.

Se puede deducir que, aunque no sean de la época, la representación barroca de los santos pertenece a la historia del Reino de León, tanto como los abandonados baños de San Adrián, su iglesia con restos prerrománicos y con las escrituras lapidarias que narran la fundación del templo de San Salvador en el siglo X, o la inscripción romana sita en la iglesia de La Losilla y que prueba la existencia de un gobernador de la Hispania Citerior cuyo mandato se desconocía hasta la fecha: Quintus Iunius Rusticus.

Recientemente, ha concluido la obra correspondiente a la segunda fase del proceso de restauración, consistente en la adaptación de los lienzos a su ubicación correcta y en una intervención completa en el marco y en la moldura situada entre el bancal y los lienzos. Y es que, debido al deplorable estado de conservación en que se encontraba, se hizo necesaria y urgente la actuación en la obra (a través de dos fases para poder costearla), que de no haberse llevado a cabo podría haber llegado a un estado de deterioro irreversible.