La Losilla y San Adrián

 

 

 

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En la provincia de León, a 45 Kms. de la capital en dirección nordeste, junto a la margen derecha del río Colle, cerca de su desembocadura sobre el Porma, se encuentran La Losilla y San Adrián.

Uno, La Losilla, en el borde nororiental de la cubeta expansiva del valle de Boñar; en perenne presidencia de la hermosa vega que se extiende a sus pies. A corta distancia, siguiendo aguas arriba el curso del río, donde el recogimiento y la belleza natural se funden con la felicidad del espíritu, al calor de sus aguas termales, se ubica san Adrián.

Foto aérea de La Losilla y San Adrián

Vista aérea de la Losilla y san Adrián

Los restos fósiles de otros periodos geológicos, los testimonios paleolíticos y el Castro sobre la laguna de Trintera, hoy rellenada por la natural sedimentación, son muestras vivas de los interesantes acontecimientos aquí desarrollados; muestras tangibles, a pesar de los efectos devastadores de una imparable meteorización. En el mismo escenario, también según respetables argumentaciones, cabe afirmar la existencia, en su día, de un castillo o fortaleza.

En la baja Edad Media, el conde Guisvado y su esposa Leuvina construyeron una basílica en La Losilla, para depositar en ella los restos de San Adrián y Santa Natalia, patrones del pueblo desde entonces.

En torno a los santos hubo, durante siglos, gran actividad monacal, con visitas episcopales, abaciales y de alto realengo, incluida la celebración conciliar.

Lamentáblemente, una depredadora expoliación y la devastadora acción del tiempo han borrado la parte esencial del conjunto monumental, en su día, aquí existente.

Hoy quedan los documentos históricos y las denominaciones toponímicas, como el convento, las monjas, el molino -hubo cinco-, traslafragua, el huerto del cura, los prados del Abad, la fuente de Doña Urraca...

Topónimos de la zona de La Losilla y San Adrián

Topónimos de la zona de La Losilla y San Adrián

Pues La Losilla y San Adrián, con dependencia monacal del Monasterio Benedictino de San Pedro de Eslonza, cuyo Mstro Abad "vere Nullius Diócesis" -sin dependencia del obispo-, era señor espiritual y temporal de este lugar.

Hasta avanzada ya la segunda mitad del siglo XIX, los fieles de este priorato -no parroquia- fueron atendidos por un vicario -monje-, nombrado desde la abadía, por periodos cuatrienales.

En sosegado paseo por el pueblo se pueden contemplar sus bellos escudos, el reloj solar, y las piedras procedentes de los anteriores monumentos, hoy dando sobria forma a bordes de edificios, puertas y ventanas.

Fachadas en La Losilla

La iglesia prerrománica de San Adrián, con sus interesantísimas inscripciones, sigue ofreciendo motivos de atención y estudio. Otras estimables piezas se exhiben en importantes museos.

Ermita de San Adrián

En La Losilla y San Adrián, sus moradores han sabido conservar ricas tradiciones.

Aún vimos en nuestros días el palo de los pobres, pasando de puerta en puerta, como indicador de la casa donde, el pobre que llegaba al pueblo, debía pernoctar, si terminaba su recorrido mendicante al acercarse el anochecer.

- Cuando vayas a la iglesia, ponte en nuestra sepultura -, decía la abuela al nieto.

La venerable señora tenía razón. Un día se renovó el piso del templo, y vimos que todo él era un enterramiento.

Tampoco existía el ratoncito Pérez; también la abuela le decía al nieto:

- Guárdalo, que mañana hay que llevarlo a la huesera.

Todavía se aprecia el lugar de ubicación del recinto, adosado al lateral de la Iglesia, junto a la sacristía, donde el muchacho depositaba su diente.

Además de las agroganaderas, aquí se ha desarrollado una amplia gama de actividades. Todavía conocimos los hornos de cal -caleros-, que evidentemente no fueron los primeros en la historia del pueblo, como indica el topónimo de los hornillos con que se denomina la margen izquierda de la carretera de La Losilla a San Adrián.

Pues la geología nos ha favorecido con una roca -carbonato cálcico- que además de ser adecuada para obtener el óxido de cal, por su regular e idónea disposición estratigráfica, ofrece unas extraordinarias cualidades para la construcción.

De esa formación rocosa, tan propicia para extraer losas, tomó el nombre La Losilla, anteriormente comprendida en la designación de San Adrián.

Incluso, en ese mismo campo geológico-minero, según documentación del siglo XVIII, existió una declaración de reserva natural de carácter real.

También vimos en pleno funcionamiento dos cerámicas -tejeras-, la de arriba y la de abajo.

El desarrollo de la minería carbonífera igualmente ejerció su acusado efecto positivo. Con ella llegó el ferrocarril, en cuya estación se construyó el cargadero de carbones que, procedentes de las minas Hulleras Oeste de Sabero -Veneros-, llegaba mediante línea de baldes. Aquel medio de transporte aún forma parte de nuestra memoria colectiva.

Estructura del descargue

Los baldes, llenos de carbón, sobre gruesos cables soportados por castilletes de madera -caballetes-, salvando una agreste y difícil orografía, después de recorrer cinco kilómetros, accedían al descargue de La Losilla, donde vertían el producto.

Tanto la línea de baldes como el descargue componían un interesante sistema de evacuación, basado fundamentalmente en la conjunción perfecta de técnica y artesanía.

Las aguas minero-medicinales con propiedades hidroterapéuticas, ya apreciadas en la Baja Edad Media, hicieron de San Adrián un privilegiado lugar de salud y bienestar. Hasta la segunda mitad del ya siglo pasado, a su balneario, llegado el verano, se acercaban gentes en busca de alivio para sus dolencias. La atención a los bañistas incluía un servicio de automóvil, desde la estación de ferrocarril a las caldas.

"LA LOSILLA Y SAN ADRIÁN DONDE, AUNQUE EL PASADO NO VUELVA, LO QUE ESTÁ DORMIDO PUEDE DESPERTAR"

(Leoncio García Rodríguez)